El miedo (ataca de nuevo)

4 agosto 2018.

Llevo desde el 30 que me dieron la cuarta quimioterapia metida en la cama. Apenas salgo para intentar beber agua y para que mis padres vean que sigo respirando. Estoy triste, no paro de mirarme las uñas cada dos minutos, no dejo que nadie entre en mi habitación, y lloro cada vez que me toco la cabeza, y noto que está cada vez con menos pelitos. Y me derrumbo cada vez que recibo un whatsapp de Jon o una foto. No quiero hablar con él. Me siento sola. Él en Cádiz mandándome fotos en la playa que no puedo pisar, tomando las copas que no puedo beber y rodeado de chicas que no soy yo, y ni por asomo me parezco ahora. Y vuelvo a llorar. Tengo miedo, pánico a mirarme en el espejo, sigo sin hacerlo. Y he corrido las cortinas de mi habitación para ni siquiera ver mi reflejo en los cristales. Vuelvo a mirarme las uñas. Siguen igual. El teléfono sigue igual, en silencio. No quiero hablar con nadie, y ese es otro miedo: que se olviden de mi. Esto se hace largo, pesado. No puedo más, me vuelvo a la cama. Ni sé qué hora es.

 

6 agosto 2018

He madrugado para ir a la playa. No eran ni las ocho de la mañana, y ya marcaba en Bilbao casi 25 grados. Después de casi seis días, necesitaba salir, desconectar y pensar. Ayer llegó Jon de Cádiz, y fuimos a tomar algo. Esperaba un reencuentro apasionado, esperaba abrazos, besos y toda la atención del mundo. Pero no. Estaba demasiado ocupado analizando sus vacaciones con los mismos con los que había pasado esta semana. Y me sentí transparente. Sentí que era pequeña, que el apoyo que necesito ahora mismo, el de mi chico, no está para mi. No sé si porque no lo merezco o porque estoy siendo demasiado pesada. Estábamos sentados en la misma mesa en una terraza, él con sus pies apoyados en mi silla, pero sin mirarme y le mandé un whatsapp: “¿hola?” Reaccionó, me sonrió, y volvió a su móvil. Mis miedos, volvieron todos de golpe.

Así que esta noche no he dormido nada. Mi cabeza va a dos mil por hora: tengo miedo (más bien pánico) a que se me caigan las uñas, tengo miedo a que no me vuelva a salir el pelo, tengo miedo a no volver a reconocerme nunca ni a ser la Vir fuerte y valiente que era antes. Y tengo miedo a que Jon solo esté a mi lado ahora por pena. Mira que se lo he preguntado veces… y siempre me contesta igual: “Si estoy a tu lado es porque quiero estar”. Ya, pero no responde a mi pregunta.

Respira, respira. Breathe. Respira. Seguro que no se caen las uñas, seguro que el pelo vuelve, seguro que son tonterías tuyas, y Jon, sigue a tu lado. Respira. Y disfruta de la playa, a las ocho y media de la mañana, vacía, y entera para ti. Respira.

 

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