Txupinazo 2018

18 agosto 2018. (sábado por la mañana)

Bueno Ramón, he de confesarte algo: anoche me escapé por la puerta de emergencia. No aguantaba más, te prometo que he salido con mascarilla, y al entrar por la puerta principal, he pasado de largo delante del control de enfermería. Ha sido una noche tranquila, y estaban ocupadas. Como ayer estabas de guardia, hoy no pasarás, pero sé que has dejado escrito que además del pasillo, puedo salir ya al jardín de Basurto.

Hoy es el txupinazo. Para los que me leéis de fuera de la capital del universo, es decir, Bilbao, os diré que hoy es uno de los días más importantes para los bilbaínos. Se supone que el primer sábado después del 15 de agosto, comienzan las fiestas, las cuales comienzan, yendo de noche a la basílica de Begoña, luego nos ponemos guapos, ya que, a las seis de la tarde, desde el balcón del impresionante teatro Arriaga, Marijaia con la txupinera y la pregonera, dan la bienvenida a las fiestas de Bilbao. Es todo un acontecimiento: nueve días de música, baile, komparsas, concursos gastronómicos, kalimotxo y cerveza en vaso de plástico, y alguna que otra locura como saltar a la ría desde el puente del Ayuntamiento, con su correspondiente liada con los municipales. Y así, nos pasamos 9 días en agosto los bilbaínos.

Menos yo. Este año, no iré a la cena de mi cuadrilla de amigos, no veré a Marijaia en el balcón, no veré a la txupinera lanzar el txupin al aire, ni escucharé en directo a la pregonera. No haré el idiota por el recinto de fiestas, mientras mi hermano sigue convencido de que un día seré yo la txupinera, de tanto que revuelvo por Bilbao. No veré los fuegos desde mi casa, ni comeré churros de la churrería Yosune del Parque Etxebarria. No volveré pringada de kalimotxo, ni con brillantina de Pimpilipauxa por todo mi cuerpo y pelo (cuando tenía pelo, al menos pelo largo)

Este año, como muchos más que están ingresados en el hospi, es muy distinto para mi: mi Marijaia se llama Ramón, y cuando aparece por la puerta de la habitación, empieza la fiesta, siempre con una sonrisa; mis pregoneras son el equipazo de enfermería que viendo mi tristeza, se han currado una Marijaia con cosas que han ido encontrando por ahí. De hecho, con una caja de cartón, han hecho una txosna en la cual en vez de bocatas y katxis, dan paracetamoles, quimios y cosas para curarme. Y mi hermano está al otro lado del teléfono, recordándome que siempre seré su txupinera, que nadie sabe tanto como yo de los rincones de nuestra ciudad, que nadie hace tanto por llevar el nombre de Bilbao a todas partes.

Hoy es un día raro. Tampoco puedo ir a felicitar a mi amiga Zuriñe, mi Zu. Ni tampoco a Marga. Al menos puedo salir al jardín, a leer, pasear, y mirar al trozo de cielo que se ve entre los edificios. A ratitos, hay silencio, cierro los ojos, y parece que estoy fuera, Jon a mi lado, diciéndome que soy la novia más fuerte del universo. Suenan sirenas, vuelvo a la realidad. Sale Ana, una chica de las chicas de rosa, una de las auxiliares con la que me muero de la risa hablando de cine, para decirme que ya tengo la comida en la habitación. Da igual, sigo con la dieta fría, así que puede quedarse ahí la bandeja para siempre: cinco espárragos, dos huevitos cocidos y dos lonchas de jamón de york. Y de premio, hoy, ¡arroz con leche! A lo loco…

En unas horas, empieza Aste Nagusia. Bilbaínas, bilbaínos… disfrutad por mi.

 

 

 

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