La cicatriz de la amazona

17 abril 2018

El día que me dieron el alta, me llamaron desde el ambulatorio: “Hola Virginia, soy Esti, tu enfermera del ambulatorio. ¿Qué tal estás? ¡Si necesitas cualquier cosa, me dices!” Seguramente, ella no se acuerda, pero yo sí, me acuerdo perfectamente de esa conversación breve con una enfermera, que en ese momento era desconocida para mi. Y me acuerdo, porque muy brava yo, le dije: “Uy tranquila, gracias por todo, ¡pero estoy estupendamente!”.¡JA! Hasta que me vi las pegatinas esas sobre la cicatriz y casi me da algo… Que no se puede ir de súper heroína, cuando te asustas con una aguja de coser.

Y ha llegado el día 17, algo más de diez días después de la operación, tengo revisión con Julio, mi cirujano. Aquí estoy con mi madre, mientras mi padre aparca. En la sala de espera, una cara conocida: Mónika. Nos hemos reencontrado las dos de nuevo, nos sonreímos al vernos, y ella no duda en preguntarme qué tal estoy. “Bien, estoy bien, esperando los siguientes pasos. Ya sé que, por mi edad, no me voy a librar de nada. ¿Y tú, qué tal estás?”. Mónika es una mujer guapa, delgada, alta, con esa mirada que da calma y confianza. Pero sobre todo es paz y esperanza para mi. “Pues yo espero librarme de la quimio, ¡a ver qué me dicen!”. Entra con su marido, sin duda, el mejor apoyo, un hombre calmado, que no para de animarnos a las dos y de sonreír. Se avecinan días duros y oscuros, pero cada vez se van sumando más sonrisas al ejército. Al salir, un poco triste, me dice “nada, que tampoco me libro”.

Es mi turno, entro a la consulta, y ahí está Julio con dos residentes y la enfermera. Me tumbo en la camilla, y de repente: “¡¡Pero si tienes las pegatinas puestas todavía!!” ¡Anda, pues claro! ¡Esto no lo toco ni loca! Y antes de que me diera cuenta… tris tras FUERA. Va Julio y con tres tirones, me las quita todas. Ahí tumbada en la camilla, me acordé de Esti, la enfermera. Tenía que haber ido a verla antes.

Todo va bien, tengo la cicatriz más bonita gracias a mi querida Marta, y ya no hay rastro del tumor gracias a Julio y a todo el equipo de quirófano. Pero soy demasiado joven, estoy demasiado sana y mis células van demasiado rápido. Así que, me voy con el pack completo, hemos venido a la guerra, y hay que sacar la artillería: operación, quimioterapia, radioterapia y pastillas.

Coge aire, Vir, ponte la armadura, súbete al caballo y a luchar. Que de esta primera batalla, aún no lo sabes, pero acabas de ganar dos guerreras más a tu lado: Mónika y Esti.

 

Spoiler: Lo que no sabíamos, ninguna de las dos, ni Mónika ni yo, era que ese día, era el inicio de algo maravilloso, una nueva amiga se unía en mi guerra, pero ella es especial, no solo se ha convertido en mi amiga, sino en alguien que ha entendido al día lo que siento en estas batallas. 

 

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