Nerea

*Nerea, mi querida Nerea. Amiga desde que éramos dos palos con patas y uniforme de colegio, de esas amigas que solo con un abrazo te recomponen y con una risa, ya nos entendemos las dos. Mi guerra es dura, pero es duro también vivirlo del otro lado. Por eso, nadie mejor que ella, para contarlo. Merci, ma chérie. Ma belle amie, depuis Hourtin. Je t’aime»

 

Llamadme inmadura, inocente o simplemente ilusa, pero cuando tienes 33 años y una amiga te llama, descuelgas el teléfono pensando que te va a dar la buena nueva de que se casa, que está embarazada, que ha cambiado de curro o simplemente que tiene pensado pasarse un finde por tu city d acogida y quiere cuadrar calendario para sacar un ratito de cafés juntas.

Ni te cuento encima cuando a dicha amiga en particular la tienes de asesora predilecta para todo lo que tiene que ver con los preparativos de una boda. Tener una wedding-planner entre tus amigas es un regalito caído del cielo por lo que supone hoy en día que alguien con coherencia y de plena confianza te pueda asesorar en el entramado mundo de “haz de tu día el día más especial de tu vida”, sin caer en bancarrota y/o en un estado de nervios permanente.

Pues bien, aquel día de marzo en el que recibí la llamada de Vir, me levanté de mi sitio en la ofi y me metí en una salita de reuniones, como suelo hacer siempre que un@ amig@ me llama. Tener mis 10 minutitos de evasión con mi amiga, y que me pusiera sobre aviso sobre qué tienda de flores elegir o me contara que era la siguiente en la lista de amigas casaderas, encajaba a la perfección en un día bastante cargadito de reuniones y presentaciones.

Lo que yo esperara que me sacara una sonrisita mañanera, me provocó un bloqueo que no recuerdo haber tenido en muchas ocasiones. 

La información que me llegaba me había desencajado por completo. No podía creerlo, no podía ser cierto. Y rompí a llorar. Allí mismo, mientras me contaba los detalles de cómo había sido el hallazgo del maldito bulto y de cómo estaba previsto el plan de ataque urgente que se requiere en estos casos.

Intentaba calmarme sólo por ella, para que no tuviera que preocuparse (como ya lo estaba haciendo la pobre) por mí y por lo que suponía esta noticia. 

Y creo que finalmente lo conseguí: se merecía palabras de aliento, de esperanza, ni lágrimas ni penas. Suficiente era la procesión que ella llevaba por dentro. Así que conseguí arrancarme con un “no estás sola”, “de esto se sale, Vir”, “eres muy joven y tienes una fuerza de voluntad como pocas personas que conozco, así que lo consideraremos un pequeño bache en el camino que te haga salir reforzada”, etc.

Frases que ahora leídas pueden sonar a tópicos aprendidos en situaciones similares, pero que pronuncié con toda mis fuerzas y con todo el cariño del mundo, para que a pesar de que ya las hubiera escuchado y con la convicción de que las escucharía muchas más veces después, le sirvieran para sentir que yo estaba ahí con ella, a su lado, que contaba con todo mi apoyo para todo, que realmente sentía que esto era transitorio, pasajero. Una pesadilla. Pero como todo mal sueño, tiene un final al despertar. 

Que por desgracia ya lo había vivido antes en casa y que en situación aparentemente más crítica, las cosas habían salido finalmente bien. ¿Cómo no iba a ocurrir lo mismo en alguien con esa edad, con esa vitalidad, con esa alegría, con tantas ganas de comerse el mundo, con toda la vida por delante para cumplir cada cosa que se proponga?

La propia vida te hace ver qué cosas son prioritarias aunque no podamos/queramos ser conscientes de ello en el día a día y perdamos tanto tiempo en otras que ni siquiera cuando las consigues te dan esa felicidad con la que sueñas. 

Y yo he sacado una importante lección (¡una de otras muchas!) en todo este proceso, que he decidido aplicar a nivel cotidiano y no cuando suceden acontecimientos adversos: valora lo importante que tienes y evita siempre darlo por hecho o incluso menospreciarlo. No esperes a hacerlo cuando ya no esté, cuando falte.

 Y con importante, ya no sólo me refiero a la salud sino a algo tan esencial como son las personas que quieres y que te quieren.

No esperes a ver mal a un ser querido para darte cuenta de lo importante que es para ti y todo lo que te/le necesitas. No esperes a malas rachas sentimentales, laborales o las más extremas, relativas a la falta de salud. Seamos conscientes del regalo que tenemos por poder disfrutar de dichas personas cada día. Y aprovechémoslo para hacernos y hacerles felices.

Si de algo me arrepiento es de haberme alejado en esa cotidianidad de la protagonista de esta historia. Hemos sido amigas desde los 4 años, y a pesar de rivalidades juveniles por ser “la más amiga de” o por “a ver quién tiene más peso para”, somos dos personas con un carácter y una forma de entender la vida muy similar. Sobre todo ahora de adultas. Y de eso fui consciente no sólo a partir de ese fatídico día de Marzo, sino un año antes, en un viaje-despedida a Gijón en el que el destino hizo que volviéramos a compartir cuarto como en épocas de Hourtin.

Allí redescubrí a la amiga que siempre tuve, a aquella personita con la que había crecido y que por circunstancias varias, fuimos perdiendo el contacto diario e incluso el de “de vez en cuando”.

Me di cuenta que a pesar del tiempo pasado, las dos teníamos más cosas en común que incluso en nuestra infancia juntas. Gustos, aficiones, manera de pensar, prioridades en la vida…como si hubiésemos vivido vidas muy parecidas en paralelo pero sin haber sido conscientes de ello.

Y desde ese fin de semana, decidí que lo de alejarnos, no se repetiría en el futuro, al menos no por mi parte. Que ya había aprendido la lección y que tenía claro que personas como Vir, las quería siempre y para siempre en mi vida.

Así que a pesar del bache, o hablando con propiedad y sin eufemismos, del PUTO CANCER, la vida continúa para una de las personas más valientes que conozco. Lo vivido este año lo dejamos atrás, ya arranca 2019 con todo lo bueno que está por sorprenderte. Y prepárate porque va a ser mucho. Ya has sufrido por un total de 50 años, ya no toca más hasta que nos entre reúma de paseo por el parque de los patos allá en 2070! 

Nos queda mucho por vivir, muchas experiencias alucinantes por las que pasar y ¡que te quede clarito que no te voy a dejar vivirlas lejos de mí!

Gracias por ser como eres y compartirlo con la gente que de verdad te queremos, reina de las amazonas. Eres un ejemplo. «El» ejemplo, nunca lo olvides.

Un beso enorme,

          Tu amiga, la del chubasquero de Mini azul

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