La boda de Nerea

16 junio 2018.

Y ha llegado el día: ¡Nerea se nos casa! Amigas desde el cole, hemos compartido de todo, desde desesperación con deberes, a viajes en el bus a casa o aventuras en viajes escolares. Pero sin duda, hoy es un día especial. Y ella, no solo ha querido que estuviera a su lado como amiga, sino que ha querido que fuera su testigo de boda.

Ay madre… ¡¡TESTIGO!! Que según me lo pidió hace unos meses, no he parado de pensar en qué me pondría para la ocasión. Lo que tenía claro era que quería llevar tocado, pero claro, de repente la vida te planta un cáncer de mama, una quimioterapia y te deja calva. Pues a ver qué hacemos, porque yo tocado llevo sí o sí. Por lo pronto, con el pelo estropajo no podía ir, de ahí, que hace tres días fuese a rapármelo. (¿No lo has leído? Pincha aquí)

Menos mal que estamos en 2018 e internet es el supermercado perfecto: estoy empezando con los primeros ciclos de quimio, y lo último que me apetece es ir de tiendas, y más cuando hace solo tres días que me he rapado la cabeza. Y en este supermercado digital, he encontrado un tocado perfecto para alquilar, y un vestidazo rojo MA-RA-VI-LLO-SO, y el karma ha hecho que, en cuatro días, tenga vestido, tocado, sandalias (de taconazo, of course) y bolso y que todo me quede perfecto.

Y con mi vestidazo, mi tocado y pisando fuerte, paso junto a mis amigas uno de los mejores días de este 2018 de “miegda” (léase “mierda” dicho por un francés), me han dado todo el cariño y más, hemos bailado, reído, y quienes no sabían nada, me han lanzado piropos por mi cambio de color de pelo (recordad, hasta hace tres días, era la versión bilbaína de Lady Gaga con mi rubio platino). Me he olvidado de que tengo la cabeza rapada, de que aunque mantengo cejas, pestañas y pelos en los brazos, el resto, nada; me he olvidado que no puedo brindar con champagne con mis amigas, pero lo he sustituido por agua con gas, un par de hielos y limón (y algún insensato se ha pensado que era un gin tonic y me lo ha birlado, pobrecito cuando lo beba); me he permitido pintarme las uñas, aunque mañana deberán desaparecer; me he permitido, por un día, ser una chica de 33 años que disfruta de la vida.

Que no se nos olvide, que, aunque estoy en el grupo de las “raras” (menores de 35 con cáncer de mama), existimos, y aunque pasemos por el infierno, no queremos renunciar a lo que somos, ni a disfrutar de la edad que tenemos, ni a vivir, ni a crecer en nuestras profesiones o como mujeres y/o futuras madres. Ni a disfrutar de la boda de una de tus mejores amigas. Me perdí su despedida de soltera por la operación, y no me daba la gana de perderme su boda por la quimioterapia.

Gracias Nerea, y gracias a tu marido y tu familia, por hacerme sentir especial por mí misma, no por mi guerra. Como buena Cenicienta, me retiro pronto, ha sido un día intenso, emocionante, pero el cansancio me puede, y en un par de días tengo la siguiente quimio.

1 comentario
  1. Nere Dice:

    ¿Se puede escribir mejor? ¿Se puede llegar a emocionar más a tus lectores? ¿Es factible transmitir más sentimientos en unas pocas líneas? Yo lo veo difícil, por no decir imposible.
    Eres alucinante, Vir, en todas tus facetas. En la de amiga, escritora, luchadora, hermana, trabajadora, delegada y ni te cuento de testiga (que seguro que el término no existe pero pa’ femenina, mi Vir).
    Ese día estabas deslumbrante, especialmente guapa, sofisticada, elegante y con una sonrisa de admirar, teniendo en cuenta el momento del proceso en el que estabas.
    Gracias por haberme/nos dejado disfrutar de tu mejor versión y haber sido parte fundamental del día más happy de mi vida. La mujer de rojo dejó al personal obnubilado, como no podía ser de otra forma. Siempre pienso que ese día fue el principio del fin. Y que la batalla que vendría a partir de ahí sería digna de una luchadora como la copa de un pino, pero había algo mágico en tus ojos que me hizo ver que estabas más que mentalizada que la victoria era tuya. Como así ha sido. Y ése fue uno de los mejores regalos de boda que pude tener. Un beso enorme.

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