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Mi querido hermano A

Mi querida sister, eres un ejemplo de fuerza y superación. Gracias por la tranquilidad y ánimo que me transmitías cada vez que hablábamos, no sé si por no preocuparme en la distancia, pero a pesar de todo no hemos dejado nuestras risas y tonterías.
Conocer la noticia fue tan duro, pero no puedo estar más orgulloso de tu actitud superando cada osbtáculo, estoy seguro de que no todos habríamos podido hacerlo igual.
Te quiero infinito!
A.

 

*A. es mi hermano, mi mitad. El que aún viviendo en el extranjero, esta más cerca de mi que nadie. Por el que mis vecinos me confunden, ahora que llevo el pelo corto. Y a mi me sale una sonrisa tonta cada vez que me lo dicen. No puede haber mejor piropo que me digan que soy clavada a él. Te quiero mi pequeño rubiales.

Diagnóstico: cáncer de mama

9 marzo 2018.

La última semana de febrero fue un caos. De trabajo, de cosas varias, amigos… pero a mi solo me rondaba en la cabeza qué era eso que me había tocado en el pecho. Intentaba tranquilizarme, negando todos los miedos, pero chica, debemos tener un don para saber cuándo no estamos equivocadas.

Y ahí estaba yo, con mis cuñados, esperando en la consulta de rayos a que me dijeran algo. Y mi chico, esperando fuera. Era viernes, y nos íbamos de fin de semana a esquiar a Vielha, esto, era solo un trámite. O eso creía yo. Pero vamos, que me sentía como si estuviese en el Dragon Khan, y el tipo de seguridad te dice que no sabe si tienes bien atados los arneses. Viva el vértigo.

Recuerdo la cara de la médico de rayos, recuerdo que nadie me dijo el diagnóstico, pero el silencio me bastó. Salí corriendo de la consulta, solo quería coger aire y huir. Recuerdo el frio, la lluvia típica de Bilbao. Detrás, mis cuñados, ellos entendían las palabras que a mi me parecían ruso, y entre abrazos, y lágrimas, callaron mis “no puedo con esto”. Los tres, los tres me levantaron y me dijeron que la guerra empezaba, pero que ellos estaban a mi lado. Me hicieron entrar de nuevo a la consulta, y allí, una médico me agarró y me dijo muy seria: “de esto se sale. De esto tú no te mueres”. Que me lo dijo tan en serio, que me lo creí, y me lo creí tanto que solo quería empezar a pelear.

Fue duro, sí, pero la fuerza que ellos me dieron, hizo secarme las lágrimas, e irme con mi chico a Vielha, y en el camino desahogarme con mi amiga Aran al teléfono, y decidir que ese fin de semana me emborracharía. Y no bebí más que una Radler. A lo loco. Si es que soy una miedica. Pero me reí mucho. Muchísimo. Ese fin de semana solos los dos, preparando el terreno para lo que vendría después, fue el aire que necesitaba.