Del Club Metropolitan al club «oncología»

Creo que una de las cosas que más me costó asimilar cuando tuve el diagnóstico, es que ya nada volvería a ser igual. Somos humanos (incluso yo, aunque a veces me creo que tengo superpoderes), y el cambio no nos mola, nos cuesta. Sí, a ti también, no niegues con la cabeza mientras lees esto. Nos cuesta. Somos animales de costumbres, y cualquier cambio en nuestra vida, nos descoloca.

Piensa en dónde te sientas en el sofá de tu casa, o dónde tomas el café en la pausa del trabajo, o si te duchas por la mañana, y ese día no hay agua, piensa en ese cabreo que te llevas. Solo porque ha cambiado tu rutina.

Yo tenia mi rutina y mis manías: ir al trabajo en el autobús de menos cuarto, sentarme al fondo, escuchar las mismas conversaciones a gritos de cuatro señoras que iban a trabajar, cruzar los dos mismos semáforos, poner la radio en la oficina, comer en casa, volver a la ofi, e ir al gimnasio. A body pump, a TRX, a radikal o a nadar. Hasta que te dicen: “tienes que coger la baja, hay que operar, y dar el tratamiento”.

Entonces es cuando preguntas: “¿Y cuánto tiempo?”. “No se sabe, Virginia”. Volvemos a las incertidumbres, a los miedos. Pues nada, vas al gimnasio al que llevas casi cuatro años apuntada, y les dices que quieres darte de baja, que será un paréntesis, que nadie más que tú quiere volver a esa rutina. Papeleo, más papeleo, y entre medias, te dicen: “Si es por motivos médicos, tráenos el parte de baja. Ahora mismo estamos con lista de espera, así que puedes desapuntarte, pagando 14€ al mes, para que tengas plaza”.

Y yo, con mi bloqueo mental, intentando asimilar que tengo un tumor, que me tienen que operar, que estaré de baja sin fecha concreta de vuelta, que no puedo ir al gim, ni siquiera llevar pesos de más de tres kilos en mi brazo derecho; digo que sí a todo. Firmo sin ver, y me abro en canal, dando mi parte de baja con mi diagnóstico, a unos desconocidos. Bueno, si me lo han pedido, entiendo que Metropolitan Club cuidará mi secreto, y que tal y como reza su web, tienen una gran concienciación, e incluso un apartado de RSC.

Por lo pronto, cambio de hábitos: no voy al gim, pero he decidido no quedarme quieta. Ya me lo dijo Begoña, “Anda, muévete, sal de casa, Vir. No te encierres, tu fuerza hará que la quimio sea más llevadera.” Así lo haré.

Nos veremos enseguida, querido gimnasio. Espero que me recordéis y me esperéis con los brazos abiertos.

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