Siete noches
4 junio 2018
Y siete días que llevo con la misma rutina: me despierto, miro la almohada, cuento pelos. Ni uno. Me paso la mano por el pelo, a ver si hay algún cambio. Nada. Me siento en la cama, y apoyo los pies despacito en el suelo, por si noto el hormigueo ese que dicen en pies y manos. Nada. Respiro.
Una vez comprobados que no han aparecido aún esos efectos secundarios, sigo: temperatura. El termómetro pita, y sale en la pantalla: “LO”. ¿¿Y esto?? . Vuelvo a ponerlo, mientras, miro en internet, que es el “LO”: es que no llegas ni a 35 grados. Segundo intento, 35,7 grados: “MAMAAAAAAAAAAAAAAAAA, ESTO ESTÁ BIEN??” No hay nada como llamar a tu madre, que para eso es enfermera. “Pues no hija, ponlo bien anda”. Tercera vez. Pues ya puedo ir aprendiendo, que me quedan unos cuantos meses por delante. El caso es que ahora no tengo claro si lo he estado mirando bien esta semana. Soy un caso. Nada, que no tengo fiebre.
Y mi día sigue comprobando que mi piel no está reseca, que sigo teniendo pestañas, cejas y todos los pelos del cuerpo que me quedaban tras no-sé-cuántas sesiones de láser en las piernas. Todo en orden.
Esto me pasa por preguntar, por querer saber todo antes de tiempo. Por empeñarme en que Elena y Fernando, mis oncólogos, me respondiesen a todo; por mirar en internet y empezar a ponerme blanca con el listado interminable de efectos secundarios. (nota: NUNCA NUNCA NUNCA miréis en internet estas cosas, ya he aprendido la lección)
Pero de repente, me viene mi bipolaridad, como buena cáncer (de signo) que soy, y me digo a mi misma: “Pues no me da la gana”. Y me salen las amazonas interiores, me las imagino todas a caballo, cubriendo mi cuerpo con sus escudos, minimizando los efectos secundarios. Y me vengo arriba, y me da por cocinar, y por salir a andar. Hasta que se pone el sol, en esta primavera en Bilbao, y vuelvo a casa, me meto en la cama, me concentro en la respiración, y pienso, que he pasado un día más. Un día menos en el infierno. A veces el limbo es el peor de los infiernos: el sitio en el que todo es duda y no hay nada seguro.


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