El club de las rapadas

13 junio 2018

Sinead O’Connor en “Nothing compares to you”; Demi Moore, como la teniente O’Neil; Millie Bobby Brown o Eleven en “Stranger Things” (Netflix); o como dice Javi, mi querido Javi, como Natalie Portman en “V de vendetta”. Ahora soy como ellas. Todas se raparon el pelo en un momento de su vida, a pesar de ser por motivos de trabajo, supongo que pudieron elegir si hacer o no ese papel, que implicaba ese cambio radical de imagen.

Y yo me estoy hartando. Han pasado 16 días y 16 noches desde la primera quimio, tengo el pelo como estropajo, sin vida, apagado. Vivo en tensión, mirando por todas partes si se me cae algún pelo de más, me da pánico lavármelo por si me quedo con mechones en la mano, duermo como Cleopatra, tiesa y sin moverme para que por la mañana mi almohada no aparezca llena de pelos rubios. Esto es una agonía. De verdad. Si es que encima soy retrasada: si os enseño mis últimas búsquedas en google, aparecen cosas como “cuántos días tarda en caerse el pelo tras la quimioterapia” “cuándo cortarse el pelo después de la quimioterapia” “qué hacer para que no se caiga el pelo con la quimioterapia”. Ésta última es muy graciosa, salen un montón de remedios y potingues varios, que daría para otro artículo. Algunos casi piden hasta sangre de unicornio. De traca. Bueno, vamos aprendiendo lecciones de todo esto: NO MIRAR EN INTERNET. Una vez más, Virginia, a ver si ya vas espabilando, haz caso a tu cuerpo y a tu intuición.

Así lo he hecho: hace unas semanas fui con mi madre y con Lucia (www.specialthinkgs.com), la única que dejé que me tiñese maravillosamente de platino, y cumpliera mi sueño de ser Lady Gaga por unas semanas, a comprar una peluca. Y hoy, miércoles 13 de junio yo decido que me rapo la cabeza, que paso de que encima de pasar por un infierno, tenga que estará sentada en él. Sí, esto es un asco, pero bailaré sobre él, y en lo que pueda, yo pondré la música y decidiré.

Me acompaña Jon, y no deja de hacer tonterías, y no paramos de reírnos los dos con Idoia y Marisa (Peluquería Iñaki Iglesias, en Las Arenas, donde he comprado la peluca). Esto no va a ser un drama, pero les pido que no quiero verme, aún no estoy preparada. Así que no hay espejo frente a mi. Maquinilla en mano, Marisa empieza a raparme, mientras me habla de algo que no recuerdo. Jon a mi izquierda, sentado, no para de decir “qué guapa, qué guapa”. No sé si es por que le está impactando, o porque realmente lo piensa. Da igual. Él es el único que me ha visto con la cabeza rapada. Estamos los tres solos en un cuarto, nadie nos molesta. Me enseñan a darme una crema hidratante y a colocarme la peluca. Esto es importante, en tres días se casa mi amiga Nerea, sí, mi Nerea, y no solo quiero ir guapa a su boda, es que además soy su testigo, y ella se merece que esté a su lado entera. Y lo estoy. (Más de Nerea, aquí)

Entra Idoia, “pero, ¡qué guapa!”. Nos reímos los cuatro, y salgo, bien tiesa, que para eso tengo la altura que tengo, y para eso ensayé a ser Gisele en la primera quimio (aquí). Hoy es un día grande. Nos vamos Jon y yo de compras, y nada más entrar en Zara, no puedo evitar agarrarle del brazo, tengo la sensación de que todo el mundo me mira, que saben que llevo peluca. Hasta que veo un maniquí, sin peluca, sin nada, con la cabeza blanca y brillante. Gracias Amancio, no lo has hecho a posta, pero me siento incluida. Así que no se me ocurre mejor manera de enseñarle mi nuevo look a mis amigos, que haciéndome un selfiecon este maniquí calvo. Ahora sí que me miran todos, y con razón. Hay una loca en Zara haciéndose fotos con un maniquí.

(Gracias mamá, Lucía y Jon por haber estado a mi lado en un momento tan sensible para mi)

 

 

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