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Desayuno de amazonas

29 mayo 2018.

Vaya nochecita que he pasado después de la primera quimioterapia… Bueno a ver, contando con que soy la reina del drama (y de las amazonas), y que mi querida Marian me llama “Virginia peliculitas”, pues veréis que no ha sido para tanto. De verdad. (si no has leído la anterior, pincha aquí!)

He pasado esta noche mareada, con mal cuerpo. Una mezcla entre gripe y borrachera mala de ginebra marca blanca. Un asco. De hecho, pensaba que iba a estar vomitando, con fiebre, alucinaciones, acompañada de los cuatro jinetes del apocalipsis, y “ná de ná”. Eso si, me he puesto a beber agua como si no hubiera un mañana, y a darme Thrombocid por el brazo como si mi vida dependiese de ello: si mis queridas enfermeras de Aztarain me han dicho que beba agua y que me ponga la crema, pues yo, obedezco.

Y para compensar esta noche regulera, esta mañana al levantarme, he recibido una sorpresa: suena el timbre, y lo primero que he pensado, es que no había pedido nada a Zara (lo juro), lo segundo, que era una multa de tráfico. Y ni lo uno ni lo otro, ha sido un maravilloso desayuno que me han enviado mis queridos amigos, mis amazonas y virkingos, que han conseguido que esta mañana haya sido perfecta. Perfecta. Con lagrimones y risas, pero perfecta.

Así que los próximos meses serán así: cuatro quimioterapias cada 21 días (que deben ser la muerte, si supero estas cuatro, el resto irá rodado); y luego otros tres meses con quimioterapias semanales. Bueno, ya, una menos, y los médicos siempre me recuerdan que todo esto es preventivo, es para que viva muy bien y os pueda dar el coñazo muchos años.

¡Seguimos adelante!

 

Primera quimioterapia: superada.

28 mayo 2018

Y llegó el día. Ya no me escapo con pruebas al IVI (pincha aquí), ni se aplaza por nada. Hoy tengo la primera quimioterapia, y tengo PÁNICO, verdadero PÁNICO, pero tengo a tantos amigos, a toda mi familia apoyándome y animándome, que en vez de venir a algo tan “drama” como es una sesión de quimioterapia, parece que voy a presentar un trabajo de fin de licenciatura, y todos vienen a aplaudir. Y vaya que si vienen: mis padres, mi prima Vero, Marga, Mai y Javi, Marta que se ha escapado un momento del curro…

Llevaba días pensando en cómo sería el día de hoy. Esperaba estar nerviosa, pero con todo lo que ha pasado este finde, casi ni he tenido tiempo de pensar en ello. Hasta esta mañana, cuando me estaba vistiendo: pantalón negro, mis zapatillas preferidas, una camiseta que pone “Stronger than ever”, labios pintados de rojo y mi melena rubia platino. Sí, después de aguantar años de negativas peluqueras que no me querían teñir “por si se me estropeaba el pelo” por fiiiiiiiiinnn Lucia me lo tiñó. Chica, si se va a caer, es momento de ser Lady Gaga aunque solo sea por darme el capricho.

Ay, que ya hemos llegado. Bajo al sótano, donde está el hospital de día y las butacas donde dan la quimio. Espero en la sala de espera, hasta que me llaman: “Virginia, pasa por control 3 de enfermería”. Parezco Paco Martínez Soria versión hospital y en rubio. “Hola, Soy Virginia, me habéis llamado” Miro de refilón a la gente, no quiero ver sus caras, por si están tristes, o preocupados. No quiero que se me note que yo sí que lo estoy, que estoy cagada, a pesar de ir tiesa como un palo, creyéndome que desfilo como Gisele Bündchen por el pasillo hasta la sala de quimio, o de llevar una sonrisa en rojo en la cara. “Elige la que quieras, y dime en qué brazo te puedo pinchar. Y tranquila, todo va a ir bien”. Vaya, no disimulo tan bien como creía.

29, esa es mi primera butaca. 29 es el día de mi cumpleaños, el de mi hermano y era el de mi abuela por parte de madre. 29 es mi numero. Me irá bien. Nati, la enfermera, viene, se presenta, y me explica un poco cómo va: “Mira, algunos son suero, que arrastran el medicamento, otros, como este rojo, es el medicamento. De hecho, este es el más fuerte. Cada vez que se acabe, la máquina pìta, no te preocupes, nosotros venimos y lo vamos cambiando. Y cada vez, te preguntaremos nombre y apellidos” Y el rojo, que me da fuerza, es en quimioterapia el que me va a quitar el pelo, el gusto al comer, o las ganas de seguir.

Se acerca con el carro, me pone la goma en el brazo, y ¡zas! Pinchazo. Respira, Vir, respira. Ya tengo la via puesta, ya empiezo a notar frio a través de mis venas. “¿Has venido acompañada?”Acompañada dice… tengo a la selección de futbol en versión amigos y familiares esperando. Vienen por turnos, a ver qué tal. Me estoy agobiando, tanto nervio, tanta pregunta y tanto misterio con algo tan desconocido… me he venido abajo, y me da la llorera. Ni libro ni ipad ni nada. Mi móvil no para quieto: tengo a media agenda pendiente del día de hoy. Y quiero recordarlo, quiero compartirlo con ellos. Me hago un selfie, y se lo mando a mi familia y amigos cercanos. Os juro que creo que va a explotar el Iphone. Me está dando la llorera otra vez: no paran de llegar mensajes de cariño, de apoyo, de fuerza. Es como si todos estuviesen aquí ahora conmigo. Todos. Hasta mi estrella de punto (mi estrella).

Se me ha pasado la mitad de la quimio intentando contestar a los whatsapp, pero con una mano está complicado. Aún soy rubia, y las cosas, las tengo que hacer de una en una, y con las dos manos a poder ser. Estoy empezando a notar un picor en la garganta y nariz, un olor a química, asqueroso. Aviso a Nati, que a ver si esto me está dando alergia y me tienen que anular todo. “Es normal Virginia, está ya empezando la medicación roja”. Nada, no cuela, que es normal, que me quedo.

“¡Seis minutos, y terminas!” Se me ha pasado volando. Yo cargando con libros, ipad con pelis y de todo, y gracias a mis amazonas y virkingos, no me ha dado tiempo a nada. Ale, a casa, que hay macarrones para comer y nos lleva Jon en coche.

Primera batalla: superada, nos vemos en 21 días.

Vir, 1- Quimio-0

 

 

Naiara

*Si hay alguien que ha llorado igual o más que yo, esa es Naiara. Ella está todos los días a mi lado, aunque sea en la distancia. Todos los días la siento, a través de nuestras conversaciones, nuestras risas o los videos que me manda. Ella, su familia y su madre. Benditas las madres que piensan en ti, mientras encienden velas a Begoña. GRACIAS amiga, no sabes cuánta falta me haces*

 

Hayyy Mari!! No sé por dónde empezar!!

No me acuerdo exactamente el día en que nos conocimos pero sí que cuando volvíamos a casa le dije a Jon que me pareciste una chica genial!!! Fue como un flechazo. Desde el minuto uno nos complementamos un montón y fue como si nos conociésemos de toda la vida. Desde aquel día supe que tenía una amiga a la que no veo mucho pero con la que sabía que podría contar para cualquier cosa!

Pero sí que me acuerdo perfectamente de aquel día, aquella llamada. Hay señor menuda llorera! Cómo me consolaste!! Qué palabra tan dura, lo último que esperaba oír! Desde aquel día no hay día que no me acuerde de ti, intento no darte mucho la chapa pero necesito saber que estás bien!! Días malos, días buenos, análisis malos, análisis buenos, ingresos, altas…
Batallas ganadas!!! TODAS!!! Olé olé la Sole !!! Cada día queda menos y estás siendo la verdadera REINA DE LAS AMAZONAS!!!

Tu positivismo es una gran parte de tu rápida recuperacion, lo estás haciendo fenomenal!! Eskerrikasko por demostrar que en esta vida no hay que darse por vencida!!! Eskerrikasko por ser como eres !!!

El colgante, las monedas y la Virgen de Begoña.

No he sido muy buena estudiante ni muy creyente en ninguna religión. Pero cada vez que tenía un examen, me daba por encomendarme a todo lo que pillaba cerca, repetía la ropa (previo paso por lavadora, ¡claro!) que había llevado el examen que había aprobado, o bien me sentaba al lado de la pared de una de las aulas de la uni, donde había una pegatina de Kate Moss, que me solía dar suerte. Se convirtió en mi diosa de la buena suerte los últimos exámenes.

Y en cuanto les dije a mis amigos que tenía un cáncer, y que me operaban el 5 de abril, de repente, se volcaron en mi con toda su fuerza. Abrazos, llamadas, cariño en forma de mil detalles. Mis cuñados me regalaron un colgante con la V (de Virginia y de valerosa); mis amigas las amazonas influencers otro con una piedra rosa y mis primitos una pulsera con una estrella. De repente empecé a sumar regalitos, cada cual con la fuerza de quién me los regalaba.

Pero no acababa ahí: Naiara, me prestó unas monedas con gran valor familiar, para que me den fuerzas en el tratamiento, mis amigas Nerea, Leixuri y Maialen peluches y tarjetas de kiwis (el animalito, ¡no la fruta!) de sus viajes a Nueva Zelanda. La familia de los amuletos iba creciendo a pasos agigantados. A ello, se sumaron dos libros de Mai y Javi, otro de mi querida Monika para los ratos en la sala de espera en Basurto, el de Ramón para aprender a cocinar (en ello estamos), María un pañuelo y unos pendientes preciosos de diva, Izaskun el precioso colgante del eguzkilore para que me proteja… y a cada regalo yo me emociono más.

Si la fuerza dependiese de todo el cariño que estoy recibiendo, os prometo que no sería “Super Woman”, sino la liga entera de los superhéroes. Y a esa fuerza, se sumaron mis primas y mi tío que me regalaron el mejor de los anillos, el que es para mi su cariño y sobre todo el amor y la fuerza de mi estrella de punto. Sin duda el más emotivo, y el que representa la lucha de todas.

Os decía al principio, que además de no ser buena estudiante en el colegio, (para desesperación de mis padres), tampoco soy religiosa. Por eso, saber que la madre de Naiara pone velas por mi cada vez que pasa por la basílica, o mi amigo Iñigo piensa en mi cuando va a sus revisiones de ojos, en la clínica que está al lado de la Basílica de la Virgen de Begoña, me emociona y alegra a partes iguales. Bueno, en realidad lloro como una magdalena, pero vaya, eso no se lo digo a ellos, para que no se preocupen.

El colgante en V, las monedas y La virgen de Begoña, son tres de los muchos gestos de afecto y cariño de los valientes que están a mi lado en esta guerra, detalles y regalos, que hacen que cuando no puedes más, no tienes más que mirarte la muñeca, la mano, tocarte el cuello o la balda donde guardo los libros, para sentirlos a todos a mi lado.

 

 

 

 

Mi querido hermano A

Mi querida sister, eres un ejemplo de fuerza y superación. Gracias por la tranquilidad y ánimo que me transmitías cada vez que hablábamos, no sé si por no preocuparme en la distancia, pero a pesar de todo no hemos dejado nuestras risas y tonterías.
Conocer la noticia fue tan duro, pero no puedo estar más orgulloso de tu actitud superando cada osbtáculo, estoy seguro de que no todos habríamos podido hacerlo igual.
Te quiero infinito!
A.

 

*A. es mi hermano, mi mitad. El que aún viviendo en el extranjero, esta más cerca de mi que nadie. Por el que mis vecinos me confunden, ahora que llevo el pelo corto. Y a mi me sale una sonrisa tonta cada vez que me lo dicen. No puede haber mejor piropo que me digan que soy clavada a él. Te quiero mi pequeño rubiales.

Diagnóstico: cáncer de mama

9 marzo 2018.

La última semana de febrero fue un caos. De trabajo, de cosas varias, amigos… pero a mi solo me rondaba en la cabeza qué era eso que me había tocado en el pecho. Intentaba tranquilizarme, negando todos los miedos, pero chica, debemos tener un don para saber cuándo no estamos equivocadas.

Y ahí estaba yo, con mis cuñados, esperando en la consulta de rayos a que me dijeran algo. Y mi chico, esperando fuera. Era viernes, y nos íbamos de fin de semana a esquiar a Vielha, esto, era solo un trámite. O eso creía yo. Pero vamos, que me sentía como si estuviese en el Dragon Khan, y el tipo de seguridad te dice que no sabe si tienes bien atados los arneses. Viva el vértigo.

Recuerdo la cara de la médico de rayos, recuerdo que nadie me dijo el diagnóstico, pero el silencio me bastó. Salí corriendo de la consulta, solo quería coger aire y huir. Recuerdo el frio, la lluvia típica de Bilbao. Detrás, mis cuñados, ellos entendían las palabras que a mi me parecían ruso, y entre abrazos, y lágrimas, callaron mis “no puedo con esto”. Los tres, los tres me levantaron y me dijeron que la guerra empezaba, pero que ellos estaban a mi lado. Me hicieron entrar de nuevo a la consulta, y allí, una médico me agarró y me dijo muy seria: “de esto se sale. De esto tú no te mueres”. Que me lo dijo tan en serio, que me lo creí, y me lo creí tanto que solo quería empezar a pelear.

Fue duro, sí, pero la fuerza que ellos me dieron, hizo secarme las lágrimas, e irme con mi chico a Vielha, y en el camino desahogarme con mi amiga Aran al teléfono, y decidir que ese fin de semana me emborracharía. Y no bebí más que una Radler. A lo loco. Si es que soy una miedica. Pero me reí mucho. Muchísimo. Ese fin de semana solos los dos, preparando el terreno para lo que vendría después, fue el aire que necesitaba.