IVI Bilbao, maternidad más allá del cáncer.

17 mayo 2018

Ha pasado un mes desde que decidí que congelaría óvulos como plan B. Y en este tiempo han pasado muchos controles, muchas analíticas, y muchos pinchazos en la tripa. Jamás me había planteado el que algún día me vería en una clínica de fertilidad para preservar óvulos por si los necesito en un futuro, así que tampoco había investigado cómo iba el tema. Así que cuando me dijeron que durante unos quince días tenia que pincharme tres veces en la tripa, casi me da un infarto. A ver, eso son 45 pinchazos, y para que entendáis el agobio que he pasado, cada vez que iba al ambulatorio a sacarme sangre, las enfermeras me tumbaban en la camilla de la cara de pánico con la que iba. Un drama todo. Yo tenía que haber sido actriz de telenovela. Ahora sería famosa, seguro.

Este mes, he ido a las revisiones sola, y no he podido evitar fijarme en todo en la clínica IVI de Bilbao, en la música, en la luz, el olor… Todo me transmitía calma. Todo estaba de mi lado, para que saliese bien. Pero también veía tristeza y nervios en las parejas que solían estar en la sala de espera. Creo que era la única que no iba para tener jun bebé, mi guerra es otra. Pero he sentido el agobio y la necesidad de tener esperanza. Lo he sentido, y cada vez que iba sonreía y saludaba a todos con los que me cruzaba, con la esperanza de que, con ese gesto, les pudiese dar un poquito de fuerza y pronto tuviesen su bebé.

Y tras los pinchazos, dos punciones para extraer los óvulos: a ver, calma. Si estás leyendo esto, CALMA. Porque los pinchazos al final, no han sido nada, no he notado nada físicamente, ni me ha dolido nada. Y la punción, pues tampoco he notado nada la verdad (¡vivan todos los tipos de anestesia!). Eso si, al final, he tenido que hacerlo dos veces, cosas de no poder hormonarte mucho (tumor hormonal) y en las dos ha venido Jon, que pacientemente esperaba en la habitación (gracias, siempre gracias), y en ninguna de las dos veces he notado nada.

Pero todas estas visitas y todo este proceso, no hubiera sido igual sin el apoyo de Begoña, de mi ginecóloga en el IVI (¡y de Carmen cuando no estaba Bego!). Por que mientras en la sala de espera unos se preocupan por un bebé, yo me preocupaba por poder guardar alguna opción para el futuro y por ponerme bien para ese futuro. Nunca olvidaré a Begoña, en una de mis numerosas lloreras, consolándome, y diciendo la gran frase: “Virginia, esto es un plan B, necesitamos que te des el tratamiento, que estés bien y seguros de que no hay ni rastro del cáncer. Del resto, nos ocupamos nosotros”. Y así es como volví a reafirmar mi devoción por la medicina moderna, y por los médicos e investigadores.

Querida amazona, si estás como yo en este punto, o si tu caso es el de pasar por una inseminación o una in vitro: TRANQUILA. Respira, sé fuerte, y positiva, porque estás en buenas manos, en las mejores, y tú, solo tienes que ocuparte de calmarte y cuidar tu cuerpo. Sé que irá bien.

 

*Gracias a IVI Bilbao, por haber tenido el detallazo de regalarme uno de los dos tratamientos, al ser paciente oncológica. GRACIAS, por entender, que bastante duro es todo esto, por vuestro cariño, y por tener profesionales tan humanos como la doctora Prieto.*

 

 

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