Quimioterapia y los pelos (de los brazos)
Ya han pasado las tres primeras quimioterapias de la primera parte, solo me queda una de las «heavy». Vamos, que yo sigo con mis estadísticas: ya llevo el 75% de la primera fase superada. A veces me creo que estoy en un video juego, que realmente soy una reina Amazona, y que voy superando pantallas.
Como las dos veces anteriores, chequeo: sigo sin hormigueos ni en pies ni manos, sigo manteniendo cejas, pestañas y uñas, noto menos densidad de pelo en la cabeza, a pesar de que lo tengo rapado, puedo comer normal ya que la comida para mi, ha perdido sabor, pero no tengo más efectos que esos. Sí que estoy cansada, estoy triste, porque aunque desde fuera se me vea bien, yo ya no me reconozco en el espejo. Me veo apagada, sin fuerza, sin atractivo.
Y entonces es cuando viendo cómo va pasando esto, me acuerdo de Julio, mi cirujano, que en la primera consulta que tuve con él recuerdo sus palabras: “sí, te daremos todo el tratamiento para prevenir que esto no vuelva a pasar, y sí, se te caerá el pelo”. DRAMA. Claro que fue un DRAMA, en mayúsculas, fosforito, y con luces. Porque en ese momento, es lo primero que piensas, que tu melena y tu fuerza se la llevará la mierda de la quimio. Pero luego, te entra un mínimo de cordura (nada, tres minutos, no os vayáis a pensar que estoy yo muy bien de la azotea), y piensas: “bueno, toda la vida depilándote, y chica, ahora por fin, verás cómo es tener los brazos sin un solo pelo.” Que como me da miedo depilármelos, pues oye, al menos vería cómo me quedaba.
Primera quimio, nada, no se cae ni un pelo. Ni de la cabeza, ni de la cara, ni de los brazos. Segunda quimio, aunque tengo la cabeza rapada, noto, que ya no tengo tanta densidad como siempre, pero mis cejas y pestañas siguen igual, y los pelos del brazo, ahí siguen, agarrados como si no hubiera un mañana. Tercera quimio: cada vez que me paso la mano por la cabeza me da la llorera, yo que he sido el “Rey león” en versión femenina con mi melenaza, notar esa ausencia, me da bajón; noto menos pestañas y cejas, pero siguen siendo suficientes. Es lo que tiene tener mucho pelo, que, aunque se caiga algo, sigues teniendo mucho. Pero me miro los brazos, ¡Y NO SE HA CAIDO NI UNO! De verdad, que esto es el colmo: se lo cuento a Elena y Fernando (oncólogos) cada vez que me los encuentro por los pasillos de Aztarain (el pabellón de oncología del hospital de Basurto), y claro, se parten de la risa. Normal. Soy un caso a estudiar: la única paciente a la que los pelos del brazo no se le caen con la quimio. Creo que voy a llamar a Iker Jiménez, esto es claramente un caso a estudiar en “cuarto milenio”.
Bueno, seguiremos informando, de momento, debo ser fuerte, como lo están siendo los pelos de mis brazos.


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