Quiero ser madre (tras el cáncer)

17 abril 2018.

Acabo de salir de la consulta de Julio, con unas cuantas pegatinas menos en mi cicatriz y con una nueva duda existencial: “Virginia, ¿quieres ser madre?”. Pues hombre, así, en frio, pues no. O si. ¡Yo qué sé!

Hay gente que con 18 ya sabia qué carrera escoger, que con 27 tiene una pareja estable y decide independizarse, con 30 casados y a los 32 el primer niño… Yo he sido de las que ha probado una carrera en dos facultades distintas hasta darse cuenta que lo que se le daba bien era otra cosa; de las que ha querido probar eso de trabajar mientras estudiaba; de las que ha reído, brindado y disfrutado viajando con amigas; la que no tenia prisa por independizarse con su novio, por pensar que todo sería eterno y no lo es. La vida y el novio digo. Y por supuesto, la que ni se había planteado, que ya con 33, el cuerpo no es como el de 25. Y tras un cáncer, menos.

Y claro, he ido posponiendo algunos aspectos de mi vida, he ido alargando y estirando ciertas cosas hasta que me ha caído este tortazo de realidad, en forma de tumor. Y ahora hay que ponerse serios, y tomar decisiones: ¿quieres ser madre? Y como no sé qué contestarle a Julio, me dice que vaya la unidad de reproducción humana de Cruces, hoy mismo (y soy tan lerda, que me entra la risa pensando si existe unidad de reproducción “no humana”).

En el camino a Cruces, llamo a varias amigas, hablo con un par de ellas que son clave para mi en toda esta guerra. En la sala de espera, en medio de un pasillo, veo pasar parejas de todo tipo y edades, mujeres llorando, tristes. Y entre ellas, una que destaca por su precioso pañuelo amarillo, vaqueros pitillos, una chaqueta tipo Chanel y los labios pintados de rojo. Se me acaba de olvidar a lo que he venido, y solo pienso, que en menos de un mes, estaré como ella. Qué drama todo, yo pensando en niños, y no tengo ni pañuelos para ponerme.

Esto es una puñeta, pero seamos realistas: mi cuerpo, es ya “mayor” aunque mi mente y mi situación personal, sea de 25. Así que te aguantas Vir, ahora a congelar óvulos, para empezar la guerra de verdad, la de asegurar que no hay células tumorales paseando por tu cuerpo. Una vez más, se pospone algo tan importante, como es la maternidad.

Y tras la consulta en Cruces, y por un par de temas personales, decido acelerar todo esto e irme al IVI. Aunque lo he hecho en muchos aspectos de mi vida, ahora no puedo alargar el darme el tratamiento. Empieza una nueva batalla.

 

(Y si, claro que sí, que se puede, y la muestra es la niña más preciosa de 2018, que tiene nombre de princesa del imperio y de la galaxia y a la madre más valiente que conozco)

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